10 cosas que no debes perderte en Costa Rica: el país que no te esperas
Cuando aterrizamos por primera vez en Costa Rica, pensábamos que sabíamos qué esperar: playas, volcanes, selvas y animales por todas partes. Pero nadie nos había preparado para la sensación de paz que se te mete bajo la piel. En este país no corres: observas. Te detienes para dejar pasar a un mono, para disfrutar de una puesta de sol o para hablar con un vendedor de piñas al borde de la carretera.
Costa Rica es sólo un poco más grande que Bélgica, pero contiene el 5% de la biodiversidad mundial. Es un país que abolió el ejército en 1948 para invertir en educación y medio ambiente: un detalle que dice mucho de su alma. Y, en efecto, aquí la naturaleza es una religión. Los parques nacionales cubren más de una cuarta parte del territorio, y por todas partes se oye esa frase que ya es marca registrada:«pura vida«.
Hemos pensado en sugerirte las 10 cosas que no debes perderte en Costa Rica y que, en nuestra opinión, mejor describen el alma del país: auténticas, diferentes, perfectas para quienes quieren viajar de verdad, no sólo visitar.
Parque Nacional de Manuel Antonio: la naturaleza sumergiéndose en el mar
Pequeño pero legendario, el Parque Nacional Manuel Antonio (en la costa del Pacífico, cerca de Quepos) es el parque más visitado del país y, si quieres, puedes leer una guía detallada sobre él en nuestro blog. Se creó en 1972 gracias a una protesta popular contra la privatización de las playas: un acto de amor colectivo que lo ha convertido en un símbolo de la protección medioambiental costarricense. Hoy es una concentración de biodiversidad: monos capuchinos y aulladores, perezosos, iguanas y cientos de especies de aves. Senderos cruzan la selva hasta playas de ensueño como Playa Espadilla Sur y Playa Manuel Antonio, donde la selva toca literalmente el mar.
Consejo: entra a la hora de apertura (7 a.m.), lleva agua y bañador, y reserva el guía de naturaleza: verás diez veces más animales.
Río Celeste y Volcán Tenorio: el río que robó el cielo
El Parque Nacional del Volcán Tenorio alberga uno de los lugares más fotografiados del país: el Río Celeste. El color turquesa no es leyenda, sino pura química: se debe a la suspensión de minerales de silicio que reflejan la luz.La ruta (unos 6 km A/R) atraviesa la selva tropical y conduce a la icónica cascada. Cuando llegamos, tras una hora de caminata por el barro, la vista nos dejó en silencio.
Curiosidad: según una leyenda indígena, cuando Dios terminó de pintar el cielo, lavó sus pinceles en este mismo río.
Bahía Ballena y Uvita: donde las ballenas dibujan la costa

En el Parque Nacional Marino Ballena, las ballenas jorobadas llegan dos veces al año (diciembre-marzo y julio-octubre). Y lo hacen frente a una playa que, vista desde arriba, tiene forma de cola de ballena: un increíble accidente geológico.
Durante nuestra excursión, vimos a madres y crías moviéndose lentamente mientras los guías nos explicaban cómo estas aguas cálidas son perfectas para dar a luz.
Consejo: elige excursiones con biólogos marinos locales. Cuestan un poco más, pero respetan la distancia y te informan realmente sobre el ecosistema.
Tortugas de Tortuguero: el milagro de la vida en la arena
Llegar a Tortuguero ya es una aventura: sólo hay barco o avión, no hay carreteras. El pueblo se encuentra entre canales y bosque, y es famoso por las tortugas marinas que desovan aquí (de julio a octubre la especie verde).
Observamos en silencio cómo una tortuga escarbaba en la arena. Sin flash, sólo el sonido del mar y el susurro del guía: «Ahora empieza».
Curiosidad medioambiental: el parque es un mosaico de ecosistemas: playas, manglares, canales y selvas tropicales, refugio de jaguares y caimanes.
Volcán Arenal y La Fortuna: El gigante dormido
El volcán Arenal, con su cono perfecto, domina la zona de La Fortuna. Permaneció activo hasta 2010 y ahora está rodeado de aguas termales naturales. Caminamos entre coladas de lava y luego nos bañamos en las aguas calientes bajo la lluvia. Alrededor, sólo el verdor y el lejano sonido del río
Antecedentes históricos: la erupción de 1968 destruyó tres pueblos y cambió para siempre la economía de la zona, que hoy ha renacido gracias al ecoturismo.
Monteverde: el bosque que vive en las nubes
Fundado en la década de 1950 por una comunidad de cuáqueros de Tennessee que huyeron de Estados Unidos por motivos pacifistas, Monteverde es ahora un santuario de biodiversidad. Recorrer sus puentes colgantes es entrar en un cuento de hadas: orquídeas, musgo, colibríes y una niebla constante que parece respirar.
No te pierdas: la reserva biológica de Santa Elena y las excursiones nocturnas para avistar animales nocturnos.
El lado caribeño: entre reggae, coco y arrecifes de coral
La Costa Caribeña de Costa Rica es un mundo en sí misma. En Puerto Viejo de Talamanca se respira cultura afrocaribeña, cocina criolla y ritmo lento. Aquí comimos arroz con coco y pescado fresco mientras contemplábamos el mar, y en Cahuita hicimos snorkel en el arrecife de coral más accesible del país.
Curiosidad cultural: la población local desciende en gran parte de los trabajadores jamaicanos que llegaron en el siglo XIX para construir el ferrocarril.
Café de Costa Rica: oro negro entre los volcanes
El cultivo del café ha marcado la historia del país: en el siglo XIX fue la principal fuente de riqueza e impulsó la construcción del primer teatro nacional en San José.
Visitar una plantación, como las de Alajuela o Naranjo, significa comprender cuánta pasión hay detrás de cada taza. Nos explicaron que las plantas crecen mejor gracias a la ceniza volcánica y a la altitud.
Nuestro consejo: prueba el método del «chorreador», el filtro tradicional de madera y algodón que se utiliza en los hogares costarricenses.
Parque Nacional de Corcovado: la última frontera salvaje

En la Península de Osa, a Corcovado se le llama «el lugar biológicamente más intenso de la Tierra». No es una exageración: alberga el 3% de las especies animales del mundo. Caminamos entre la selva y la playa, nos encontramos con monos aulladores, guacamayos rojos y tapires. Aquí no hay Wi-Fi, pero sí todo lo demás.
Curiosidad medioambiental: el parque se salvó de la minería en los años 80 gracias a un movimiento local de voluntarios.
La ‘pura vida’: más que un saludo, una forma de vida
Al final, lo más hermoso de Costa Rica no es un lugar: es una actitud. Pura vida» significa todo y nada: «hola», «gracias», «todo va bien», pero sobre todo «vive y deja vivir». Es la sonrisa del taxista que te habla de su pueblo, la calma de los niños que juegan bajo la lluvia, el sentimiento de gratitud por cualquier puesta de sol. Y cuando empiezas a decirlo tú mismo, te das cuenta de que ha entrado en ti.
Un viaje que nunca quiere terminar
Cada vez que nos vamos de Costa Rica, prometemos volver. Es un país que te enseña que la verdadera riqueza es el tiempo: el tiempo que pasas observando un colibrí, tomando un café con alguien que no conoces o simplemente sin hacer nada.
Porque aquí la felicidad es contagiosa, y «pura vida» no es un eslogan, es una lección de vida.












